La devoción a la Divina Misericordia no es solo una oración o una imagen, sino una llamada urgente de Dios al corazón del mundo: volver a la confianza en Él. En un mundo herido por la desconfianza, la autosuficiencia y el pecado, Jesús se presenta a santa Faustina con una súplica conmovedora: que confiemos en su infinita Misericordia.
“Jesús, en Ti confío” no es solo una frase bonita: es una oración profunda, un acto de abandono, una declaración de fe, especialmente en los momentos más difíciles. En el Diario de santa Faustina, Jesús repite una y otra vez que las almas que confían en Él son las que reciben más gracias. Esta confianza abre las puertas del corazón de Cristo y nos permite descansar en sus brazos amorosos.
Rezar con fe esta sencilla jaculatoria transforma nuestras heridas, nos levanta en la prueba y nos conduce al cielo. Que nunca se aparte de nuestros labios ni de nuestro corazón.