Reportajes

El diario de Santa Faustina: Un tesoro espiritual

La devoción a la Divina Misericordia, tal como la conocemos hoy, es un tesoro de la Iglesia Católica que tiene sus raíces en 1931, año en que Jesús se le apareció por primera vez a la humilde religiosa polaca, Santa Faustina Kowalska, en el convento de Płock, Polonia, y le encomendó la misión de dar a conocer al mundo la inmensidad de su Misericordia Divina.

A partir de esa primera aparición, Jesús se manifestó en numerosas ocasiones a Santa Faustina, dictándole mensajes y revelaciones que ella anotó en su diario espiritual. Estos mensajes incluían la petición de pintar una imagen de la Divina Misericordia, la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia y la promoción de la devoción a la Coronilla de la Divina Misericordia.

A través de su diario, un documento de inmenso valor espiritual y de gran valor teológico, Sor Faustina nos relata sus encuentros íntimos con Jesucristo, revelando una profunda espiritualidad eucarística y un llamado a la conversión y a la confianza en Dios.

Tras los encuentros con Jesús, la vida de Santa Faustina no fue un camino fácil. Luchó contra la duda, la tentación y la incomprensión de quienes la rodeaban. Sin embargo, su amor por Jesús y su confianza en la Divina Providencia la fortalecieron en su misión, revelando a través de sus escritos la profundidad de su experiencia mística.

La revelación a Santa Faustina

En sus visiones, Jesús se presentó a Faustina como el Rey de la Divina Misericordia, vestido de blanco y con rayos de luz brotando de su corazón, uno rojo y otro blanco. Estos rayos simbolizan la sangre y el agua que emanan de su costado en la cruz, y representan los sacramentos de la Eucaristía y el Bautismo, fuentes inagotables de la gracia divina y de la purificación de las almas.

La imagen del Corazón Misericordioso de Jesús, tal como se reveló a Santa Faustina, se ha convertido en uno de los símbolos más poderosos de la devoción a la Divina Misericordia. Este corazón, irradiando rayos de luz y sangre, representa el amor infinito de Dios por la humanidad, un amor capaz de perdonar cualquier pecado y de sanar cualquier herida.

Jesús mismo le dijo a Santa Faustina: “Deseo que se pinte una imagen según el modelo que ves, con la inscripción: ‘Jesús, en Ti confío’. Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá”. Esta promesa, junto con otras muchas contenidas en el Diario de Santa Faustina, ha impulsado a millones de personas a confiar en la Misericordia Divina.

La devoción a la Divina Misericordia nos invita a sumergirnos en un océano infinito de amor y compasión. A través del diario de Santa Faustina Kowalska, esta devoción nos recuerda que el corazón de Dios late con un amor misericordioso hacia cada uno de nosotros, sin excepción.

Con información de Aciprensa 

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